La historia cuenta que todo comenzó con un florero. Era viernes, 20 de julio y día de mercado, cuando un criollo fue a pedir prestado un florero. Un acto en apariencia efímero desató en un enfrentamiento entre criollos y españoles y culminó en la independencia de Colombia.
Los criollos tenían razones de fondo que ese día se convirtieron en la gota que rebosó la copa. En las juntas realizadas entre 1808 y 1810, a pesar de que los criollos fueron invitados, la representación era mínima: entre 36 peninsulares, había nueve americanos. Esto hizo que los criollos por primera vez pensaran en la posibilidad de acatar un Estado-Nación, por eso con acierto se convirtió este acto en el hito fundacional del nuevo Estado.
Hace 196 años culminó un largo proceso histórico con la firma del acta de independencia. Fue un grupo de hombres valerosos, intelectuales destacado y filósofos convencidos, que defendían los grandes principios de la libertad, la igualdad y la fraternidad con bases fundamental de las relaciones humanas.
Es cierto que en ese gran momento de la historia concurrieron múltiples causas o circunstancias a facilitar la independencia colombiana, pero sin esa generación ciclópea que contaba con hombres como Camilo Torres, Antonio Nariño, José Acevedo y Gómez, Francisco José de Caldas y tantos otros que sería prolífico enumerar, la gran coyuntura se habría perdido y con ella se habrían desvanecido por muchos años las ilusiones del pueblo granadino.
El 20 de julio de 1810 se convirtió en la síntesis de la conquista y colonia españolas. Es el fruto de la rebelión de los comuneros y de la expedición botánica que dio a conocer a los criollos la hermosura y la riqueza de nuestra patria y es la resultante de una generación con una conciencia patriótica y decidida al sacrificio por la posesión de auténticos valores nacionales.
Por eso, esta fecha gloriosa marca el hito más importante de nuestra historia y hoy, al conmemorar los hechos que en ella ocurrieron, los corazones de los colombianos se llenan de gratitud y reconocimiento para rendir tributo filial a los próceres de la independencia que con sus esfuerzos y con su sangre nos heredaron una patria libre y respetable.
Los militares durante el grito de independencia
Las preguntas que flotan en el aire para todo historiador y para los ciudadanos en general durante los acontecimientos del 20 de julio son: ¿el virrey y los corregidores tenían una fuerza suficiente para dominar la revolución?, si la tenían, ¿por qué no hicieron nada para evitarla?, y ¿cuál fue la actitud de los militares en esos momentos en que se desconocía la real audiencia y en la se constituía un nuevo gobierno?.
En la capital del virreinato existía para el 20 de julio una fuerza compuesta por el Batallón auxiliar que estaba acuartelado en el edificio San Agustín, orilla derecha del río, hoy carrera Octava, ocupado por la Escuela Militar en años pasados. Este Batallón había sido fundado en 1783 dos años después de la revolución de los comuneros, con una organización de cinco compañías y comandado por el señor teniente coronel don Juan Sámano.
Existía también en Santa fe un cuerpo de artillería que se ubicaba en la cuadra de la 3ª calle de Florida y que en ese momento se llamaba Cuartel de la Artillería y era comandado por don Domingo Esquiaqui. Parece que había sólo una compañía para el cuidado y manejo de los cañones, ya que el grueso del batallón estaba en Cartagena custodiando la ciudad amurallada.
En 1810 igual existían dos compañías de tropas veteranas para la guardia del virrey: una de caballería y la otra de alabarderos. La guardia de caballería estaba acuartelada en el costado norte de la plaza, esquina oriental; y la de alabarderos en el mismo palacio del virrey, que era el costado occidental, esquina del sur.
En la capital, el famoso día, algunos soldados del batallón fijo de Cartagena fue traído a Santa Fe cuando la revolución de los comuneros y entró aquí el 14 de agosto de 1781, quedando en la capital unos pocos soldados acuartelados junto al local del cuartel de la Artillería.
Se hallaba igualmente en la ciudad un batallón de milicias que venido del litoral, en noviembre de 1806, estaba en las aguas en un hijo edificio al oriente de la ciudad, junto a la iglesia.
Había, pues, fuerzas suficientes, sino para vencer si para resistir de algún modo el movimiento revolucionario: batallón auxiliar, soldados del fijo, artillería, guardias del virrey y milicias. Sin embargo, no hubo un tiro ni el 20 ni los días siguientes. Era que aquellas tropas estaban ya minadas por las ideas de la independencia. No fue miedo, no fue la ineptitud sino el patriotismo lo que hizo tener ociosas las armas en aquella hora suprema. El virrey y los oidores vieron que era inútil oponerse con la fuerza al poderoso levantamiento. Quizás hubiesen sido desobedecidos y más se acelerarían así los acontecimientos.
Al instalarse el cabildo extraordinario esa noche, fue uno de sus ciudadanos a asegurarse el apoyo del ejército. En la misma acta constan las diligencias que para ello se hicieron. Fue enviada una comisión al virrey para que pusiese a disposición de aquella corporación las armas y mandase por lo pronto una compañía para resguardo de las casas capitulares. Los hombres enviados para dicha protección fueron comandados por el capitán Antonio Baraya. Igualmente, el virrey ordenó al mayor Córdoba, jefe de la Srtillería, entregar el parque al señor José Ayala según lo dispuesto por los miembros de la junta, este acto se ejecutó sin demora.
El jefe militar de la plaza, Don Juan Samano permaneció en su cuartel durante estos episodios del día 20, en tanto que el segundo jefe se había mezclado en todo, desde los primeros momentos, y su actitud fue de compatriotas, firmando el acta de independencia. Igual fue la actitud del capitán Baraya.
De esta forma quedaron en manos de la independencia del Batallón auxiliar la artillería y la guardia del virrey; por su parte, el batallón fijo y las milicias tomaron una actitud completamente pasiva en los primeros días y acataron en todo a la suprema junta, tiempo después.
Desde el 23 de julio de 1810 la junta de notables y firmantes del acta de la independencia encargada del nuevo gobierno reglamentó los distintos cuerpos militares para la defensa de la patria. Las guardias nacionales, las milicias de Caballería, el cuerpo de patriotas de defensa y el de milicias de Infantería, así mismo aparecen dos compañías de artilleros voluntarios. Es decir que de las estructuras de los cuerpos militares que defendían la plaza y al virrey, así como muchos de los oficiales que componían estas organizaciones, se convirtieron en las bases de las Fuerzas Militares de la naciente nación.
El 20 de julio de 1810 se convirtió en una fecha que trajo grandes transformaciones y en honor a la verdad, sin grandes sacrificios. Generalmente en la historia de los pueblos estas transformaciones son hecatombes para sistemas; la nuestra, debido a la actitud patriótica muy americana de los militares, pasó sin que se oyese un disparo ni cayese una gota de sangre.
Es nuestro deber exponer la evocación a los próceres que hicieron posible esta gran nación, y es nuestro deber también cumplir con generosidad los deberes para con la patria. Es necesario sentirnos responsables del legado histórico, de los valores espirituales y materiales recibidos, no para dilapidarlos sino para entregarlos acrecentados y puros a las generaciones venideras.
Tenemos una patria noble por los ideales que sostiene: grande, por su pueblo y por su historia hermosa y rica, por su territorio y por sus mares. La libertad, la democracia, la fraternidad y el desarrollo económico y social son las metas de una misma empresa nacional que a todos nos compete. Para alcanzarlas se necesitan las fe, el esfuerzo conjunto y la unión de los colombianos.
Al cumplirse un nuevo aniversario de la independencia nacional, todos y cada uno de los miembros de las Fuerzas Armadas siguen trabajando con mística institucional, con fe, entrega profunda por los destinos de la patria, por la paz del pueblo colombiano y la seguridad de cada uno de sus ciudadanos.
TE. Juan Fernando Rodríguez.- Historiador Comando General FF.MM.