Luego de tantos años de lucha, de sacrificio y de entrega a la defensa de Colombia, al fin el Ejército Nacional ha logrado alcanzar algunas de sus metas.
Internamente, está a punto de cerrar ese capítulo doloroso y sangriento de la lucha contra las bandas armadas que a nombre de organizaciones de diferente índole han asolado nuestra campaña durante tantos y tantos años, depredando sin compasión, arrancando la vida de muchos seres indefensos y truncando las posibilidades de desarrollo de nuestro país.
Es cierto que la labor aún no ha sido concluida y que es muy posible que quizás varios años han de transcurrir para que la tranquilidad sea total, pero el futuro es cada día más claro y cada vez más promisorio, en tanto más oscuro e incierto para los grupos armados, que tarde que temprano explotarán bajo el peso de sus contradicciones internas y el aislamiento de la población civil, en especial la campesina, pues en las ciudades ya es utópico pensar en «insurrección generalizada».
Para ello, la labor del Ejército ha sido definitiva. Empezando en los oscuros años entre 1996 y 2000, cuando por diferentes causas los grupos armados tuvieron su época dorada y lograron su máximo desarrollo creando una real amenaza ante la cual muchos compatriotas pensaban que lo inimaginable estaba a punto de ocurrir y que la catástrofe se aproximaba de manera inexorable.
Nuestra Institución replanteó de manera crítica y acertada sus políticas, su organización y su propia estrategia, entendiendo que había cambios que eran inaplazables dentro del proceso que se llamó la «reestructuración » y que sirvió para despertar conciencia dentro de sus integrantes. A partir de ese momento, renació el espíritu y se remozaron tácticas, técnicas y procedimientos. Se retomó la ofensiva, y cada vez los espacios de los grupos ilegales armados empezaron a ser más y más pequeños, más y más reducidos, luego de sufrir derrotas definitivas y contundentes en sitios como Puerto Rico, Puerto Lleras y el páramo de Berlín, entre otros.
Luego el Plan Patriota empezó a expulsarlos de sus refugios básicos, donde por muchos años gozaron de impunidad y protección, en medio de santuarios enclavados en lo profundo de la selva. Ahora, tenían que estar en constante movimiento y las comodidades y excentricidades habían quedado atrás. Incluso volvieron a caminar, pues durante sus años dorados deambulaban perezosamente en sus lujosas camionetas, robadas a la población civil.
Cada vez las ciudades y los pueblos, donde acostumbraban atacar impunemente, les resultaban más lejanos, con lo cual debían internarse con mayor frecuencia dentro de la selva a fin de buscar protección. En términos estratégicos, habían perdido la iniciativa y comenzaban el peligroso y definitivo camino de la defensiva, preludio indudable de la derrota.
El pueblo colombiano en su sabiduría escogió continuar el camino de la recuperación, reeligió a su Presidente y la labor de las Fuerzas Militares y la Policía Nacional, y su elemento de primera línea, el Ejército colombiano, continuó siendo eficaz y efectivo.
Ahora ya en la consolidación de la Seguridad Democrática y más tarde en el salto estratégico, la masa acumulada golpeó aún con más fuerza a los grupos armados. Se produjeron los golpes espectaculares no en la periferia hasta donde habían logrado llegar con anterioridad y de donde habían sido expulsados, sino en el propio interior de la selva, en donde habían creído encontrar seguridad. Los rescates de secuestrados fueron perfectos. Jaque y Camaleón quedaron como modelos.
Todo ello llevó al segundo objetivo, este en el campo externo. El Ejército Nacional de Colombia empezó a ser citado como la institución militar más eficiente del mundo. Sus logros, sus triunfos, su estrategia empezaron a ser citados en muchas regiones del continente como modelos exitosos y dignos de ser estudiados y analizados. Ahora no hay conferencia militar en la cual no participe un miembro del Ejército colombiano como orador o expositor central. Sus palabras son tenidas en cuenta y su experiencia escuchada. No hay duda de que ello es un verdadero logro, en especial si se tiene en cuenta que muchas de las instituciones que en los años oscuros pregonaban lo peor, ahora no ahorran elogios.
La clave ha estado en el espíritu de superación, la constancia, el sacrifico, la entrega total y la vocación de servir a nuestra patria.
Pese a todos sus triunfos, los soldados colombianos han continuado siendo sencillos, humildes y serviciales, haciendo de su labor un verdadero apostolado. Cuando se han cometido errores, se han aceptado y se ha pedido la intervención de la justicia para resolverlos. Nunca se ha tolerado la injusticia, el abuso o la complicidad, y ello ha hecho aún más grande la dimensión de la victoria.
Lo anterior ha hecho que el prestigio interno y externo del Ejército Nacional crezca a dimensiones superiores y que poco a poco se haya consolidado más que en encuestas o en polls en el corazón de todos los colombianos que sienten con orgullo que es suyo, que les pertenece y que es el elemento más importante en la vida de la Nación, dando total validez a la frase de la oración patria, repetida en nuestras guarniciones y en todo lugar en donde se encuentre un soldado colombiano “Ser soldado tuyo es la mayor de mis glorias”.