Ejercito Nacional de Colombia

Las mujeres, ‘Héroes’ del Ejército.

Los héroes anónimos que integran la Institución no son solo aquellos que resultan heridos en combate, sino también, los que desde su labor, cualquiera que sea, logran los mejores resultados en bien del Ejército y el pueblo colombiano.
En esta ocasión se exalta en la sección de héroes anónimos a tres Sargentos que representan la labor silenciosa pero significativa de la mujer en el Ejército.

Esta vez se aplica lo que dice el viejo y conocido refrán que detrás de cada hombre hay una gran mujer, pero lo que muy pocos saben es que detrás de miles de soldados existe un Batallón silencioso de grandiosas mujeres que hacen posible que nuestro Ejército colombiano todos los días sin descanso enfrente con valentía la guerra.

Ellas no portan fusil, no conducen un tanque de guerra, tampoco pilotean el Avión Fantasma, ni conviven con municiones, helicópteros artillados, rockets, granadas y metralletas M-60, ni mucho menos deben internarse en la selva y atravesar montañas y ríos para combatir a sangre y fuego con la guerrilla a la hora que sea y amenazadas por las condiciones más adversas, sin embargo la anónima labor de estas damas es la punta de lanza de toda la institución armada.

Las Sargentos Viceprimero Bejarano, Osorio y Flórez portan sin falta su uniforme. Todos los días guerrean con valor en sus escritorios y computadores su propia batalla junto a oficinas de impenetrables estantes abarrotados de fotografías, expedientes secretos, informes de inteligencia y bases de datos envidiados por cualquier periodista e investigador. Allí imponen el orden militar que desde enero pasado envuelve, con aquel toque femenino tan especial, la Sección Administrativa del Batallón Maza de Cúcuta, mes en que la guarnición se convirtió en la sede de la recién creada Trigésima Brigada del Ejército Nacional.

El destino decidió por allá en 1988 que estas tres sardinas provenientes de tres departamentos del país y con su cartón de bachiller todavía en mano obtenidos en colegios militares donde ingresaron por padres y abuelos como herederas algunas de ellas de una histórica generación familiar castrense, se conocieran en Bogotá en la Academia Militar, dispuestas a disparar sus sueños hasta lo más alto. Pero tres años después de compartir madrugones rumbo a los salones, trasnochar comiendo libro, sudar la gota fría subiendo lazo, arrastrándose por el barro, escalando muros y soportar en ocasiones las órdenes a grito entero de los cabos de la vieja guardia que las hacían llorar, la guerra se interpuso en el camino y así como les permitió conocerse, fue la misma guerra la encargada de separarlas. Nunca más volvieron a saber las unas de las otras durante los siguientes 15 años.

Ellas representan al glorioso Ejercito Colombiano que durante medio siglo ha luchado una guerra si cuartel que nadie sabe cuando terminará. No obstante, Las Sargentos de la Brigada tienen claro la estrategia para ganarla: “No todo es combate armado. Necesitamos que todos los colombianos nos ayuden. Definitivamente está comprobado que los militares no podemos solos ganarle al enemigo. Y cuando decimos todos, incluimos a nuestros gobernantes para que haya más equidad social en Colombia”.

Han transcurrido ya casi dos décadas desde que tres muchachas solteras llenas de sueños se conocieron en la Escuela. Tres jovencitas que les parecía imposible que el misterioso e insondable destino y la endiablada guerra fuera a ponerlas de nuevo frente a frente en la línea de fuego.