Ejercito Nacional de Colombia

Los recuerdos de mi padre

02 de junio de 2017

Los recuerdos de mi padre El sargento Mario Anbal Bautista lleva 20 aos desaparecido
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En el marco de la Semana de los desaparecidos, el Ejrcito Nacional rinde un homenaje a sus 139 desaparecidos. Esta es la Historia del Sargento Mario Anbal Bautista, contada a travs de los ojos de su hijo, un suboficial que sigue con orgullo los pasos de su padre.
Mario Bautista tena 9 aos cuando vio por ltima vez a su pap, hoy en da tiene 29, las facciones de nio se han transformado en las de un hombre de alta estatura y contextura delgada que porta con orgullo su uniforme del Ejrcito Nacional, una vocacin que hered de quin le dio la vida y aprendi desde muy corta edad a tener el temple para no rendirse y ms an en los momentos de adversidad.

Los recuerdos de mi padre son muy gratos, viajes, paseos, la alegra Mario detiene su relato, frunce el ceo para evitar salir algunas lgrimas que se asoman por sus ojos al regresar a esos tiempos felices en los que comparta con su padre, el Sargento Segundo Mario Anbal Bautista. Cualquiera podra creer que los hombres no lloran y mucho menos estos hombres de hierro que pertenecen a la milicia, pero es inevitable que la tristeza no se apodere de este soldado que tuvo que crecer sin los consejos, el cario y la compaa de su pap, uno de los 139 integrantes del Ejrcito Nacional que ha desaparecido en el cumplimiento de su deber.

En medio de la selva y los constantes riesgos a los que se enfrenta un soldado en el rea de operaciones, Mario Anbal no dejaba de pensar en su mayor tesoro: sus hijos; para mantener contacto con ellos, les escriba cartas en las que les contaba las ancdotas del da a da y como l y sus compaeros deban combatir no solo las amenazas del conflicto, sino tambin las inclemencias del clima, el terreno, les contaba lo difcil que era soportar el calor, la humedad, adaptarse a la estricta alimentacin y finalizaba con un afectuoso saludo que los cargaba de una emocin infinita porque pronto regresara a casa.

La alegra de verlo llegar despus de que l estaba en el rea de operaciones, la alegra de volverlo a ver sano y salvo otra vez, de poder compartir con l y disfrutar de muchas cosas que podamos vivir con l cuando l estaba en el hogar, eso no tena precio afirma Mario, fijando la mirada en el cielo, como si quisiera volver a aquellos tiempos donde su familia estaba completa. Despus de la desaparicin de su padre, Mario y sus hermanos quedaron al cuidado de su ta, quien los cri como sus propios hijos y los educ de acuerdo a los principios de los que el Sargento Mario Anbal Bautista era el vivo ejemplo.

Ha sido algo difcil porque son fechas importantes que l no ha estado: navidades, cumpleaos, das del padre, todos esos momentos son difciles de recuperar otra vez, pero siempre ha estado ah presente en todo, a pesar de su ausencia, Mario siempre ha sentido que su padre, el Sargento Mario Anbal Bautista ha sido ese ngel guardin que nunca lo ha dejado desfallecer y que lo ha impulsado a ser un hombre de honor que porta el mismo uniforme que l llev con orgullo hasta el da de su desaparicin.

Siempre ha estado en mi miente que en el momento que l vuelva a aparecer va sentirse orgulloso de lo que he hecho y de lo que hemos hecho todos los hijos, va a ver que en su ausencia hicimos muchas cosas que lo van a alegrar y le van a dar el nimo para que recuperemos el tiempo que hemos perdido, Mario es consciente que los aos que han pasado desde la ltima vez que el rostro de su padre se reflej en sus ojos, ya no volver, pero eso no apaga la esperanza que palpita en su corazn de hijo de volver a ver a con vida a ese hombre carioso y firme, que es su hroe y su admiracin muy en mi interior yo s que l est vivo y que en cualquier momento l puede llegar y estar de nuevo con nosotros, a estas alturas ya va a tener que empezar a recuperar el tiempo con sus nietos, a hacer lo que no pudo hacer con nosotros.

El gran sueo de Mario, desde que ingres a la Escuela de Suboficiales del Ejrcito Nacional y por el que le pide a Dios todas las noches es que un da, durante una ceremonia de ascenso, mientras que l se encuentre en el campo de paradas haciendo honores al pabelln nacional, llegue su padre y le d el abrazo anhelado desde hace 20 aos y se llene de orgullo por sus logros, por ser un hombre honesto, responsable y dedicado, por haber formado con amor a su familia y por ponerse al servicio de una nacin por la que da a da ha dado su vida.