Ejercito Nacional de Colombia

Los recuerdos de mi padre

Los recuerdos de mi padre El sargento Mario Aníbal Bautista lleva 20 años desaparecido
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En el marco de la Semana de los desaparecidos, el Ejército Nacional rinde un homenaje a sus 139 desaparecidos. Esta es la Historia del Sargento Mario Aníbal Bautista, contada a través de los ojos de su hijo, un suboficial que sigue con orgullo los pasos de su padre.
Mario Bautista tenía 9 años cuando vio por última vez a su papá, hoy en día tiene 29, las facciones de niño se han transformado en las de un hombre de alta estatura y contextura delgada que porta con orgullo su uniforme del Ejército Nacional, una vocación que heredó de quién le dio la vida y aprendió desde muy corta edad a tener el temple para no rendirse y más aún en los momentos de adversidad.

Los recuerdos de mi padre son muy gratos, viajes, paseos, la alegría Mario detiene su relato, frunce el ceño para evitar salir algunas lágrimas que se asoman por sus ojos al regresar a esos tiempos felices en los que compartía con su padre, el Sargento Segundo Mario Aníbal Bautista. Cualquiera podría creer que los hombres no lloran y mucho menos estos hombres de hierro que pertenecen a la milicia, pero es inevitable que la tristeza no se apodere de este soldado que tuvo que crecer sin los consejos, el cariño y la compañía de su papá, uno de los 139 integrantes del Ejército Nacional que ha desaparecido en el cumplimiento de su deber.

En medio de la selva y los constantes riesgos a los que se enfrenta un soldado en el área de operaciones, Mario Aníbal no dejaba de pensar en su mayor tesoro: sus hijos; para mantener contacto con ellos, les escribía cartas en las que les contaba las anécdotas del día a día y como él y sus compañeros debían combatir no solo las amenazas del conflicto, sino también las inclemencias del clima, el terreno, les contaba lo difícil que era soportar el calor, la humedad, adaptarse a la estricta alimentación y finalizaba con un afectuoso saludo que los cargaba de una emoción infinita porque pronto regresaría a casa.

La alegría de verlo llegar después de que él estaba en el área de operaciones, la alegría de volverlo a ver sano y salvo otra vez, de poder compartir con él y disfrutar de muchas cosas que podíamos vivir con él cuando él estaba en el hogar, eso no tenía precio afirma Mario, fijando la mirada en el cielo, como si quisiera volver a aquellos tiempos donde su familia estaba completa. Después de la desaparición de su padre, Mario y sus hermanos quedaron al cuidado de su tía, quien los crió como sus propios hijos y los educó de acuerdo a los principios de los que el Sargento Mario Aníbal Bautista era el vivo ejemplo.

Ha sido algo difícil porque son fechas importantes que él no ha estado: navidades, cumpleaños, días del padre, todos esos momentos son difíciles de recuperar otra vez, pero siempre ha estado ahí presente en todo, a pesar de su ausencia, Mario siempre ha sentido que su padre, el Sargento Mario Aníbal Bautista ha sido ese ángel guardián que nunca lo ha dejado desfallecer y que lo ha impulsado a ser un hombre de honor que porta el mismo uniforme que él llevó con orgullo hasta el día de su desaparición.

Siempre ha estado en mi miente que en el momento que él vuelva a aparecer va sentirse orgulloso de lo que he hecho y de lo que hemos hecho todos los hijos, va a ver que en su ausencia hicimos muchas cosas que lo van a alegrar y le van a dar el ánimo para que recuperemos el tiempo que hemos perdido, Mario es consciente que los años que han pasado desde la última vez que el rostro de su padre se reflejó en sus ojos, ya no volverá, pero eso no apaga la esperanza que palpita en su corazón de hijo de volver a ver a con vida a ese hombre cariñoso y firme, que es su héroe y su admiración muy en mi interior yo sé que él está vivo y que en cualquier momento él puede llegar y estar de nuevo con nosotros, a estas alturas ya va a tener que empezar a recuperar el tiempo con sus nietos, a hacer lo que no pudo hacer con nosotros.

El gran sueño de Mario, desde que ingresó a la Escuela de Suboficiales del Ejército Nacional y por el que le pide a Dios todas las noches es que un día, durante una ceremonia de ascenso, mientras que él se encuentre en el campo de paradas haciendo honores al pabellón nacional, llegue su padre y le dé el abrazo anhelado desde hace 20 años y se llene de orgullo por sus logros, por ser un hombre honesto, responsable y dedicado, por haber formado con amor a su familia y por ponerse al servicio de una nación por la que día a día ha dado su vida.