Ejercito Nacional de Colombia

Viaje al centro del desminado humanitario

07 de junio de 2017

El Ejrcito ha logrado devolver la tranquilidad a unos pobladores que no podan caminar en paz.
Los paisajes del Caquet quitan la respiracin. Vamos de camino a una vereda, a poco ms de una hora de Florencia, la capital, que en los tiempos de esta guerra que todava no termina la pasaba mal. Se llama La Montaita. Haba combates permanentes, minas antipersonales sembradas en los campos, miedo de salirse de los caminos, cultivos abandonados.

RCN Radio viaj hasta el Caquet, que segn estadsticas del gobierno es uno de los departamentos ms afectados por las minas: 926 vctimas, entre heridos y muertos, entre 1991 y 2017. Cayeron civiles y militares. Pero las cosas estn cambiando.

El 6 de agosto del 2016 el presidente Juan Manuel Santos activ la Brigada de Ingenieros de Desminado Humanitario. Son militares, pero el uniforme no es camuflado, no llevan armas y se transportan en vehculos blancos, que a la distancia bien podran confundirse con carros de la cruz roja.

Todo tiene un sentido: estos militares dependen de la confianza que puedan lograr con la poblacin civil de las zonas que van a intervenir. La gente, los campesinos, no los ven como una posible amenaza, como hombres armados que llegan a imponer la fuerza y el orden. No. Estos militares tienen otra misin: Salvar vidas, como se lee en el brazo derecho de su uniforme azul oscuro.

Los desminadores han logrado permanecer en terrenos potencialmente minados porque la guerrilla se movi a las zonas de concentracin.

En el Caquet opera el Batalln de Desminado No 1, que ya comenz un trabajo que tardar aos y que se resume en una palabra: paciencia. En marzo llegaron 40 hombres del batalln que ya trabajan en el terreno. Viven en un campamento que ellos mismos levantaron. No podrn volver a sus casas hasta que no terminemos los metros que tienen asignados: poco ms de 10 mil. En otros aos, antes del proceso de paz, era imposible para un militar transitar por estas montaas. Ahora duermen desarmados en la ladera de una montaa que de noche es tan oscura como una cueva.

All me recibe el sargento viceprimero Calixto Guerrero. Mide 1.80, viste polo negra y pantalones caqu. Salimos a caminar por los senderos permitidos. No dejo de pensar si esto es seguro, si caminar por estos campos que no conozco no representa un riesgo.

El sargento va adelante, un paso ms all, y pisa firme, tranquilo. A lo lejos veo una casa. Ac, en estos caminos llenos de sorpresas, trabajan campesinos. El primer paso, deca, es la confianza. Los pobladores saben, o sospechan, cules podran ser los campos minados.

Caminamos hasta aquella casa que vimos antes. La duea es Mara, vctima de una mina en un sendero cercano. Sali a llevar a su hijo al colegio, se desvi en un despiste, un perro pas a su lado y de pronto oy una explosin. Mara tuvo suerte, el perro muri y recibi el impacto de las esquirlas. Vivir entre el pnico permanente, caminar presintiendo que este paso puede ser el ltimo.

Hace calor, la temperatura se acerca a los 33 grados. Los soldados que desminan son profesionales, jvenes, algunos de 20 aos. Trabajan de lunes a sbado, ocho horas al da, empezando a las 6:30 de la maana.

El gobierno dice que en 2021 el pas debera estar libre de sospechas de minas. Es difcil creer que esa fecha podr cumplirse. Uno de los grupos trabaja en desminar 6 mil 379 metros. Y tardarn meses en completarlos. El sargento Guerrero explica que es imposible determinar fechas exactas. Depende de muchos factores que no se pueden controlar, como el clima.

En la montaa, en un terreno difcil, con una maleza espesa, un grupo de desminadores trabaja desde las 6:30 de la maana. Nos acercamos ya al medio da. El chaleco que los protege de las minas es azul, pesa 4 kilos, cubre el pecho y los muslos. En la cabeza llevan una especie de casco similar al de un soldador.

Pienso en el calor que deben sentir y en lo valientes que son. En la mano derecha el desminador tiene un detector. Pesa dos kilos 700 gramos. Lo miro desde la distancia. El detector emite un sonido que parece el de un delfn, que sube y baja. Ha detectado algo. El desminador para, se agacha lentamente, corta la maleza y vuelve a pasar el detector. Sigue sonando.

Despus de varios minutos del mismo ejercicio, encuentra lo que suena: es una tapa. Puede seguir. Pero si hubiese sido una mina? El Sargento Guerrero cuenta que todos los artefactos que encuentren deben desactivarlos. Incluso, si el caso lo amerita, pueden usar explosivos. Desminar es complejo por el terreno, pero tambin porque cualquier metal en el suelo puede activar el detector. Y todo hay que examinarlo con pinzas. El Teniente Diego Preciado, que trabaja de la mano con el Sargento Guerrero, dice que las minas son enemigos perfectos. No se cansan, no sienten hambre, ni fro, ni calor, siempre hacen caso. Duran aos. Son pacientes.

De camino a Florencia recuerdo que estos hombres no podrn volver a sus casas. Uno de los desminadores, un Cabo, tiene un hijo que no conoce. Naci cuando l ya estaba en La Montaita jugndose la vida, desminando un terreno que sigue siendo peligroso.

Estos hombres han logrado devolver la tranquilidad a unos pobladores que no podan caminar en paz.