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El perro que iba acompañándome explotó y nos salvó: Sobreviviente de mina antipersonal

12 de junio de 2017

En la capital del Caquetá, departamento exótico natural, una unidad del Batallón de Ingenieros de Desminado Humanitario N1, tiene la responsabilidad de descontaminar de minas antipersonal la tierra donde María Rivera, creció y que la vio convertirse en víctima de la violencia.
Ella, esposa y madre de cuatro hijos, tiene en su mente como si fuera ayer, la imagen y el ruido de la activación de una mina antipersonal que ocasionó daños físicos y psicológicos en su familia.

La mujer que en el momento del accidente se encontraba en cuatro semanas de gestación, se dirigía al pueblo con su hermano, su hijo y un perro, Pasaron mis hijos la cerca, pero yo estaba muy gorda para pasar por allí, sin embargo, hice el intento de agacharme, cuando cruzó el perro que iba acompañándome y explotó, nos salvó, narra María con voz agitada tratando de explicar la angustia de ese día en el que no se miraba el cuerpo por miedo a no encontrar sus piernas.

Después del accidente que dejó esquirlas en su cuerpo, problema auditivo a su hijo y trauma psicológico a su hermano, notó que el hilo que reventó el perro, era de un carrete que le había prestado días antes a guerrilleros que llegaron hasta su casa, ubicada en la vereda La Nutria, manifestándole que necesitaban un carrete de hilo para coser un buzo.

Han pasado 12 años, en los que, a pesar de las adversidades, pero con el apoyo de su familia ha logrado salir adelante, comenta la florenciana, quién a la vez afirma que el desminado humanitario no sólo beneficiará a su familia sino a varias de esa zona, Ya está el desminado, hemos sentido más tranquilidad, ya transita uno con otro ambiente, le damos gracias a Dios y a ellos que vienen hacer éste recorrido por acá, pues nos cambia la situación, pero también pienso que, los soldados son unos berracos porque arriesgan la vida por dejarnos esto limpio.

Y es que tal y como lo describe María, los hombres del Ejército Nacional que hacen el desminado humanitario en esa región son unos valientes que pese a su cortad edad, pues oscilan entre los 20 y 22 años, tienen el conocimiento, destreza y compromiso para enfrentarse al reto de descontaminar el Caquetá y evitar que historias como ésta, se vuelvan a presentar.