Actualizado: 2 de julio de 2026 a las 9:41 a. m.
Durante dos décadas recorrieron montañas, selvas, carreteras y poblaciones de Colombia. Enfrentaron el conflicto armado, estuvieron lejos de sus hogares durante fechas especiales, sacrificaron tiempo con sus familias y dedicaron su juventud a proteger la vida de millones de colombianos. Hoy, esa misión llegó a su fin.
En una emotiva ceremonia militar presidida por el jefe de Estado Mayor y segundo comandante de la Octava Brigada, coronel Jhonny Alexánder Melo, el Ejército Nacional rindió homenaje a 181 soldados profesionales que culminaron 20 años de servicio a la patria y emprendieron oficialmente una nueva etapa en la vida civil.
Frente a sus familias, compañeros y superiores, los soldados realizaron por última vez el saludo al tricolor nacional, un acto que culmina una carrera construida con disciplina, valentía y un profundo compromiso con Colombia.
Como muestra de gratitud por su entrega y vocación de servicio, los 181 militares recibieron la medalla militar Fe en la Causa, una de las distinciones con las que el Ejército Nacional exalta a quienes dedicaron su vida a defender la soberanía, proteger a la población y servir con honor.
Posteriormente, compartieron una cena de despedida junto a sus familias y compañeros de armas, cerrando un capítulo que quedará marcado para siempre en sus vidas.
Detrás de cada uniforme hay una historia de sacrificio.
Una de ellas es la del soldado profesional Wilton Mejía, que durante 20 años prestó servicio como enfermero de combate. Su carrera estuvo marcada por momentos profundamente difíciles: mientras cumplía una operación militar recibió la noticia del fallecimiento de su madre y, tiempo después, tuvo que enfrentar uno de los episodios más dolorosos de su vida al intentar salvar, sin éxito, a un compañero de armas que murió en sus manos.
Sin embargo, cuando recuerda su paso por el Ejército, no solo habla de las dificultades. También evoca el orgullo de servir a Colombia, el compañerismo que nació en el terreno, las vidas que pudo ayudar a proteger y la satisfacción de haber cumplido con su deber.
Como él, los 180 soldados restantes también guardan historias de esfuerzo, resiliencia y entrega. Historias que comenzaron hace veinte años con un juramento de servicio y que hoy concluyen con la tranquilidad de haber cumplido la misión encomendada por la patria.
Los abrazos con sus esposas, hijos, padres y hermanos fueron el reflejo de un sentimiento compartido. Para muchos, este no solo fue el retiro de un soldado, sino el regreso de un esposo, un padre o un hijo que durante años antepuso el servicio a Colombia por encima de sus propios intereses.
Aunque dejan el uniforme, los principios y valores adquiridos durante su carrera militar permanecerán como parte de su proyecto de vida. Ahora enfrentan un nuevo desafío: construir una nueva historia desde la vida civil, llevando consigo el honor de haber servido durante dos décadas al Ejército Nacional y al pueblo colombiano.
La Octava Brigada agradece y exalta el compromiso de estos 181 soldados profesionales, cuyo legado permanecerá como ejemplo de vocación, disciplina y amor por la patria para las nuevas generaciones de militares.