La guerra en Colombia cambió de forma, y también lo hicieron sus enemigos. Ya no son solo francotiradores ocultos entre montañas ni campos minados en senderos rurales, ahora, el peligro puede llegar desde el cielo, casi invisible, en la forma de drones comerciales modificados para transportar explosivos. Ante esta evolución del conflicto armado, el Ejército Nacional decidió responder con una transformación táctica y tecnológica.
Durante los últimos meses, las Fuerzas Armadas identificaron un patrón cada vez más inquietante, el uso sistemático de aeronaves no tripuladas por parte de grupos armados ilegales para atacar instalaciones militares y policiales. El fenómeno es particularmente grave en los departamentos de Cauca y Nariño, donde, solo en lo que va del año, se registraron 62 ataques de este tipo, la mayoría atribuidos a disidencias de las Farc.
Uno de los episodios más graves ocurrió el Domingo de Ramos. Las estaciones de Policía en Cajibío, Morales y Piendamó, en el suroccidente del país, fueron blanco de ataques con drones cargados de explosivos. Aunque los principales objetivos son las unidades de seguridad, en varias ocasiones la población civil también resultó afectada, generando un clima de zozobra en muchas comunidades.