Ejercito Nacional de Colombia

El vuelo de la vida

La vida me pasó como en una película. Sólo escuchaba las ráfagas de fusil acompañadas por el sonido de las aspas del helicóptero. Por instinto me fui hacia atrás para protegerme del ataque ()
Son las 4:30 de la mañana del viernes 22 de octubre de 2004. La temperatura en San José del Guaviare es de unos 28 grados centígrados. Me levanto como todas las mañanas para iniciar el día con el trote de la compañía. Es uno de esos días donde uno siente que todo saldrá bien. La rutina de ejercicio terminó una hora después.

A las siete de la mañana empieza mi día en el dispensario médico de la Vigésima Segunda Brigada: Soy Capitán del Ejército, médico cirujano y aunque extraño a mi familia trabajo todos los días con la moral en alto porque sé que mi aporte es para que muchos colombianos vivan en paz, además que con mi trabajo ayudo al bienestar de la tropa.

Esta es la segunda vez que me encuentro en esta Unidad, luego de haber estado en la Brigada de Fuerzas Especiales y ganarme con mucho esfuerzo la boina que los identifica en todo lugar.

La mañana transcurrió entre consultas de medicina general y programación de cirugías para la tarde. Un viernes bastante pesado para una Unidad como esta Brigada.

Son como las 12:30 del día, me dirijo con mis compañeros a almorzar cuando escucho un grito, se acerca y miro que es el soldado ayudante de Comando:

- Mi Capitán, mi General dice que vaya urgentemente a la oficina, parece que hay una emergencia, pide que lleve su material médico, escuché.

Me imaginé que había tenido alguna complicación en su salud, así que le pedí al soldado ir a mi consultorio por el botiquín y algunos elementos básicos mientras me dirigía corriendo hacia el Comando de la Unidad.

Cuando llegué me encontré con el General, Comandante de la Brigada, y con los Coroneles encargados de Operaciones y Abastecimientos. Siga Capitán, necesitamos su apoyo escuché mientras los tres veían una carta de navegación hay una operación en este instante a media hora de aquí y varios hombres de nuestro mejor grupo han sido emboscados por las Farc, están aguantando todo lo que pueden, ya están recibiendo el apoyo correspondiente, pero necesitamos sacar los heridos y que usted nos apoye desde el terreno en la evacuación, no podemos dejar morir a ninguno de esos soldados, dijo mi General.

De inmediato me dirigí al helicóptero UH-60 que se encontraba listo para partir con el personal que evacuaría los heridos. Yo como médico iba porque había uno, el soldado Martínez, muy grave y tenía que estabilizarlo para que aguantara el vuelo de regreso a la Unidad.

El aparato alzó vuelo y lo único que hice fue orar para que todo saliera bien. No era la primera vez que estaba en esta situación, pero seguía sintiendo que hoy era un día diferente, un día especial y todo con la ayuda de Dios saldría perfecto.

Miré mi reloj, marcaba las 12:55, es una vieja costumbre siempre que viajo. Desde el aire el verde de los árboles se ve como una sola mancha que lo único que inspira es paz y tranquilidad. Uno no entiende como hay gente que destruye este país si lo tenemos todo; ríos y bosques tan hermosos como los que se ven en el Guaviare.

De un momento a otro, el Capitán de la aeronave nos informó que en menos de dos minutos estaríamos en contacto visual con la Compañía que tiene más heridos y donde ya está seguro el terreno para poder realizar el procedimiento de evacuación. Miro de nuevo mi reloj y me muestra las 13:26 horas. Veo por la ventana del helicóptero a todos los hombres listos prestando la seguridad, uno de ellos nos sirve de guía desde tierra para poder ubicar mejor el UH-60. En el interior de la aeronave tomamos nuestras posiciones para el procedimiento; yo como médico tengo que abrir la compuerta derecha desde la parte atrás.

Dos minutos después tocamos tierra, llevo los elementos que me identifican como médico de la misión y delante de mi van dos soldados. El helicóptero se mantiene encendido y listo para decolar, de acuerdo a los procedimientos tácticos.

Avanzamos hacia el soldado Martínez, el único soldado que no se puede movilizar sólo, el enfermero de la Compañía me indica un poco el trabajo que realizó. No escucho muy bien por el ruido producido por las aspas del helicóptero, sin embargo viendo al paciente noto que el trabajo hecho fue el adecuado y mantiene estable al paciente, canalizo la arteria, veo que la hemorragia producida por los impactos recibidos está controlada, me despido del enfermero dándole un golpecito en el hombro. Dios los bendiga mi Capitán- me dijo el soldado enfermero. De inmediato nos devolvemos hacia la aeronave.

Se hace un camino eterno el retorno al UH-60, suben los primeros dos hombres a la aeronave para recibir la camilla, cuando escuchamos ráfagas de fusil, se podían ver cómo pasaban cerca de nosotros, de inmediato la Compañía respondió al grito del Comandante: Cubran a los médicos, nosotros seguíamos hacia la nave, la adrenalina aumentaba en mí, tanto así que sentía caliente la parte derecha de mi cuerpo. Uno de los hombres que nos prestaba cubierta y protección cayó a tierra, producto de una herida, sin embargo siguió disparando el fusil como si no tuviera nada en su cuerpo, después me enteré que era el lanza de Martínez

() La vida me pasó como en una película. Sólo escuchaba las ráfagas de fusil acompañadas por el sonido de las aspas del helicóptero. Por instinto me fui hacia atrás para protegerme del ataque, con el uniforme manchado de sangre, probablemente del soldado que estaba en el suelo.

Como médico y militar no puedo abandonar a mis compañeros. Saco fuerzas y me acerco, en arrastre bajo, de nuevo a la camilla donde está el herido cubierto del ataque por sus compañeros, lo reviso y no le ha pasado nada. Me levanto para continuar la evacuación de Martínez cuando siento que un proyectil perfora mi brazo derecho, la sangre y el dolor invaden mi cuerpo pero las ganas de salir de allí con el paciente me impulsan a continuar el camino hacia el Black Hawk.

Las indicaciones del personal que se encuentra en la aeronave son de avanzar, el helicóptero ha sido impactado en nueve ocasiones y si no salimos ya, podemos tener problemas con la evacuación. Le digo a la tripulación no podemos dejar a Martínez, en ese preciso instante siento como me halan hacia la aeronave y despegamos.

Ya en el aire empiezo a sentir dolor en mi costado derecho, trato de sentarme, pero es tan intenso que no me lo permite. Me ayudan a acostarme en el piso de la aeronave y es cuando se dan cuenta mis compañeros de vuelo que la sangre que hay en mi cuerpo no es de los soldados que se quedaron en el área.

Durante el vuelo de regreso pensaba en mis padres, en mi familia, en Martínez, que al igual que yo estaba luchando por salir de esta crisis, en los hombres que se quedaron combatiendo para que nosotros pudiéramos salir, todo era una mezcla de sentimientos

Al llegar al helipuerto de la Brigada N 22, en San José del Guaviare, me dirigieron de inmediato al dispensario donde mis compañeros médicos tenían todo dispuesto para atenderme. Aunque yo no lo sentía estaban varios órganos internos comprometidos producto de los impactos que me alcanzaron. Podía perder las extremidades, era bastante grave.

Me estabilizaron, para posteriormente enviarme al Hospital Militar Central, en Bogotá. Como producto del destino, en el mismo avión ambulancia viajamos Martínez y yo Ésta, tal vez, era la prueba más difícil de mi vida militar, luego de realizar las pruebas para conseguir mi boina de Comando, un par de años antes

Mis heridas dejaron un 58.8% de discapacidad en una de mis extremidades superiores, sin embargo, continúo sirviendo a la Institución y agradeciendo a Dios y a las personas que me ayudaron y atendieron durante este periodo importante de mi vida.

Soy Nubia Fabiola Nieto Bogotá, Mayor del Ejército Nacional, Médico y quiero hacer un reconocimiento a las personas que hicieron posible contar mi historia: al Capitán Edwin Cabrera, al Teniente Nelson Herrera, a toda la gente de la tripulación del helicóptero UH-60 151, al entonces Coronel (hoy Brigadier General) Carlos Arturo Franco, al Coronel Edwin Rodríguez y a todo el personal del Hospital Militar y de la Brigada N 22 de Selva.


Basado en hechos reales
Con apoyo de la oficina de prensa de la Quinta División