Actualizado: 23 de septiembre de 2026 a las 11:45 a. m.
Entre el servicio militar, los recuerdos de su madre y una naciente pasión por la repostería, la soldado Elianis Díaz Montero construye en Bogotá un proyecto de vida marcado por la perseverancia, el estudio y el deseo de hacer sentir orgullosa a su familia.
Hay recuerdos que se convierten en una brújula para toda la vida. Para la soldado Elianis Díaz Montero, uno de ellos tiene la voz de su mamá y una frase que todavía guarda como uno de sus mayores tesoros: “Estudie, que es lo único que yo le dejo”.
Elianis tenía apenas 14 años cuando su madre falleció, el 15 de noviembre de 2019, luego de presentar problemas de salud relacionados con el corazón. Su hermana menor tenía entonces tres años.
La pérdida cambió su vida. “Todavía se me hace difícil asimilarlo”, reconoce. Sin embargo, en medio del dolor encontró una razón para continuar. Su hermana menor se convirtió en una de sus mayores motivaciones y las palabras de su mamá comenzaron a cobrar un significado aún más profundo.
Nació y creció en La Mina, Cesar, un corregimiento cercano a Valledupar, en una familia trabajadora. Su padre, Luis Rafael Díaz, se dedica a la agricultura y cultiva productos típicos de la región como yuca y plátano. Elianis es la segunda de tres hermanos y habla de su familia como ese lugar al que siempre puede regresar, incluso estando a cientos de kilómetros de distancia.
Después de terminar el colegio en 2022 decidió continuar estudiando. Realizó un técnico como auxiliar de criminalística e investigación judicial y, posteriormente, comenzó a perseguir otro sueño que desde hacía tiempo rondaba su cabeza: prestar el servicio militar. Su hermano ya había vivido esa experiencia. Su padre y su abuela también soñaban con verla algún día vistiendo el uniforme.
En 2025 se presentó junto a su prima a una convocatoria en Valledupar. Las dos realizaron el proceso de incorporación, pero al final su prima fue seleccionada y Elianis quedó por fuera. Mientras veía cómo su prima continuaba el camino que ambas habían comenzado juntas, tuvo que aceptar que, por el momento, su sueño tendría que esperar.
Decidió viajar a Bogotá y comenzó a trabajar como auxiliar logística en las bodegas del aeropuerto. Tiempo después, un familiar integrante del Ejército le compartió información sobre un nuevo proceso de incorporación.
Elianis volvió a intentarlo. Exámenes médicos, valoración psicológica, espera e incertidumbre hicieron parte de una segunda oportunidad que esta vez sí terminó con la noticia que tanto había esperado: había sido seleccionada para prestar su servicio militar. Una de sus primeras acciones fue llamar a su familia, había cumplido aquel sueño que compartían su papá, su abuela y ella misma.
Actualmente, la soldado Elianis Díaz Montero es orgánica del Batallón de Apoyo de Servicios para la Educación en el Centro de Educación Militar y fue designada para apoyar las labores de la Escuela de Inteligencia y Contrainteligencia. Allí encontró mucho más que una experiencia militar. Durante estos 17 meses a prestando el servicio invirtiendo su tiempo en estudiar en la Escuela de Inteligencia, es así como se ha capacitado en; Diplomado Alta Dirección En Seguridad y Protección de riesgos, Diplomado de Protección Patrimonial, Diplomado Protección de Infraestructura crítica y Activos Estratégicos, Diplomado en Tratamiento de Información Inteligencia Artificial y Big Data. Además aprendió sobre manejo documental, archivo, foliación y digitalización. También asumió responsabilidades relacionadas con el auditorio y el apoyo logístico de diferentes actividades.
Para ella, el servicio militar también ha significado aprender sobre responsabilidad, compromiso y amor por aquello que se hace. Pero mientras cumplía con sus responsabilidades como soldado, otro sueño comenzó a tomar forma.
Un sueño entre galletas, arequipe y ganas de salir adelante, desde hacía algún tiempo Elianis observaba videos de repostería y pensaba que aprender este oficio podía convertirse en una oportunidad para su futuro. Por eso se inscribió en un curso virtual de repostería de 40 horas del SENA. Las actividades académicas le exigían preparar recetas, documentar el proceso y enviar fotografías y videos de sus trabajos.
Los primeros ingredientes los compró con su sueldo como soldado, después llegaron los primeros postres y también los primeros clientes entre las personas que diariamente comparten con ella en la Escuela. Sus compañeros y superiores comenzaron a probarlos, comprarle y felicitarla. Cada comentario se convirtió en un pequeño impulso para continuar.
Entre sus preparaciones, hay una que ya tiene un lugar especial: el postre de arequipe. Leche, crema de leche, azúcar, arequipe y capas de galleta hacen parte de una receta que, asegura, ha ido perfeccionando con la práctica. Cada ocho o quince días, cuando sus responsabilidades y el tiempo se lo permiten, vuelve a preparar.
dista: PS. Katherine Valbuena Chávez. No se trata solamente de ganar unos pesos adicionales. Cada postre financia, poco a poco, el siguiente. Es su manera de comenzar a construir desde ahora aquello que sueña para después del servicio militar.
“Yo siempre he sido así, de salir a vender. Tengo mi espíritu emprendedor”, dice.
Y sus planes ya tienen un rumbo. Quiere permanecer en Bogotá, continuar formándose y estudiar un técnico en pastelería. Entre sus aspiraciones está ingresar a la Escuela de Gastronomía Mariano Moreno y convertir aquello que hoy comienza como un pequeño emprendimiento en una profesión.
Elianis tiene 21 años y todavía no sabe hasta dónde la llevará este camino. Lo que sí sabe es cómo quiere que algún día la recuerden quienes la conocieron cuando apenas comenzaba. “Quiero que cada vez que hablen de mí digan: ‘esa china lo logró, pero fue con esfuerzo y dedicación. Yo la vi empezar desde cero’”.
En una joven que recibió un “no” la primera vez que intentó ingresar al Ejército y decidió volver a intentarlo. En una hija que transformó las palabras de su madre en una razón para estudiar. En una hermana que encontró en su familia una motivación para continuar. Y en una soldado que, mientras cumple su servicio, descubrió que también podía construir un futuro con sus propias manos.
Hoy cuenta con el apoyo de sus superiores, tanto del Director de la Escuela de Inteligencia, como el de sus demás superiores que apoyan su emprendimiento y talento de repostería, sus manos cumplen una misión dentro de la Escuela de Inteligencia y Contrainteligencia y, cuando termina la jornada y encuentra el momento, mezclan leche, crema, galletas y arequipe.