Más de dos décadas dedicadas a servir a Colombia. Esta es la historia del sargento segundo Carlos Andrés Marín González, integrante del Comando de Personal del Ejército Nacional, quien encontró en el Arma de Caballería no solo una especialidad militar, sino una forma de vida fundamentada en el honor, la tradición y el liderazgo.
Nació en La Plata, Huila; es hijo de Amparo Guarín y Rodrigo Marín, dos agricultores que le inculcaron desde su infancia valores como la responsabilidad, el respeto y el amor por el trabajo. Esos principios lo llevaron a ver en el Ejército Nacional la oportunidad de construir un proyecto de vida y servir a su país.
Durante su formación militar descubrió que el Arma de Caballería representaba los valores con los que siempre se había identificado. Su historia con esta especialidad comenzó como soldado regular en un Grupo de Caballería y, años después, tuvo la oportunidad de elegirla como su arma, llevándola desde entonces con orgullo sobre su pecho.
Para el sargento segundo Marín, pertenecer a la Caballería significa asumir la responsabilidad de preservar una tradición centenaria. Durante su carrera participó en misiones brindando seguridad sobre los ejes viales, protegiendo a la población y apoyando el desarrollo de las operaciones mediante experiencias que fortalecieron su compromiso con la misión institucional.
Sin embargo, una de las enseñanzas más profundas la recibió lejos del blindaje y cerca de la tradición ecuestre. Mientras integró un pelotón montado en Casanare, compartió innumerables jornadas con Jorgito, el caballo que lo acompañó durante ese periodo. En él encontró el verdadero significado de la nobleza, la disciplina y la perseverancia, pues, sin importar la exigencia de cada recorrido, siempre estaba listo para continuar la misión al día siguiente. Una experiencia que, asegura, representa la esencia misma del Arma de Caballería.
Después de más de veinte años de servicio, su mayor anhelo es que, cuando llegue el momento de guardar el sable, sea recordado como un hombre íntegro, leal y comprometido, que siempre dio lo mejor de sí por el Ejército Nacional y por el Arma de Caballería.
«Quiero que me recuerden como un caballero del Ejército, íntegro, leal y comprometido, que siempre se esforzó por hacer las cosas bien. Al Arma de Caballería solo puedo decirle: ¡Salve usted la Patria!».
Cada generación escribe una nueva página en la historia del Arma de Caballería, con hombres y mujeres que, desde cada unidad del Ejército Nacional y también desde el Comando de Personal, mantienen vivo un legado construido con disciplina, valentía y el compromiso permanente de servir a Colombia.